sábado, marzo 25, 2006

Rituales caseros

Vivo en un eterno ciclo de rituales inconscientes. Mi casa engloba un universo paralelo difícil de mantenerse al margen. Sin darme cuenta entré en el círculo vicioso hogareño en el cual hay que cumplir ciertos pasos para vivir en armonía. Veamos, la computadora en la que tipeo precisamente ahora tiene vida propia. Y no es que me esté volviendo loca; es así, tiene temperamento. Está infectada por un tipo de virus que aún los “doctores” no han podido identificar. Quizás porque ni me interesa curarla. Sé cuáles son sus manías.
A modo de ejemplo: cuando la enciendo aparece la detestada pantalla azul. Me compadezco y le sigo el juego: apretar ESC y luego Y (de YES). Hace lo que puede y aparecen todos los archivos. Si la necesidad es ingresar a Internet, la historia es más compleja: reiniciarla, conectarse una primera vez (como para engañar el ojo y la ansiedad) y después la segunda que es la conexión duradera. Pero tampoco cabe entusiasmarse demasiado, ya que al cumplir los 30 minutos de ingreso se desconecta porque se le antoja.
Pensándolo bien, es una buena forma de ahorrar. Puede ser que esté cuidando mi economía y recién logro entenderlo.

viernes, marzo 10, 2006

(Dis)continuidad

Simplemente necesitaba escribir, y no descarto las diez horas que tengo encima tipeando en el trabajo. Pero hay algo encendido dentro de mí que me hizo entrar y retomar lo que había abandonado desde hace casi dos meses.
La última vez afirmé mi regreso, pero no continuidad. Bueno, aquí estoy de nuevo. Gusana viva, muy viva. También cansada y con sed de tipeo libre sin ataduras típicas de la rutina periodística. Gusana que está en camino de evolución, al menos eso está sucediendo muy en el fondo del alma que escribe estas llanas palabras. Letras que se dilatan con solo escribirlas, términos idóneos que no llegan, palabras agobiantes que entumecen el cuerpo...
Dentro del pozo negro hay belleza. Siempre está, palpitando, suspirando, rasguñando en silencio y sin perecer.