domingo, mayo 28, 2006

Ecos desde el cristal

Llevo años en lo mismo. Encerrado entre cuatro paredes de cristal. Una vez por mes se aglomeran multitudes, hacen fila e intentan tocarme. Sólo quiero salir, romper esta barrera pero temo por lo que pueda suceder. No sé qué se siente estar fuera, aunque mi cuerpo estático envía mensajes confusos sobre alguna experiencia remota.
Cuando las puertas se cierran imito el movimiento con mis párpados e imagino cómo pasaría el tiempo. Treparme a un árbol, tirar de sus ramas hasta que las hojas caen mientras el viento las invita a bailar. Pero mis ojos ven el momento en el que entra la luz y la gente forma una interminable cola. Estoy cansado.
Manos temblorosas acarician mi cárcel al mismo tiempo que desprenden reiterativas palabras como Ayuda, Gracia, Piedad, Salud… Los escucho pero sin lograr abrazarlos, darles consuelo. Por instantes sólo quiero irme y desaparecer, pero no puedo. No importa cuánto lo desee, sigo acá. Estancado como el hombre que cuelga de una cruz, al que veo cada vez que limpian mi celda.

En la oscuridad vivo, en la oscuridad sueño, en la oscuridad soy libre.