martes, setiembre 18, 2007

Extrapolación sin matemática

Me pierdo en esos círculos profundos. Y percibo vida dentro de tintes marrones que se mueven. Por momentos se detienen y me miran. Nuevamente ingreso en ese mundo. Cuando se alejan estos cuerpos, mis ojos te buscan… Siento cómo abrazas mi existencia casi sin percatarte de que la posees. Así es, formas parte de esta vida que te extraña cuando se separa de la tuya, anhela sentir tu respiración cercana y suscita irremplazables experiencias. Ya estás dentro…, más de lo que imaginé.

viernes, julio 27, 2007

Hálito tropero

Pisadas fuertes, pausadas, impactan sobre el asfalto casi derretido. Ramón extiende los brazos hasta aprehender dos ramas agonizantes. Sopla una delgada brisa y las fosas nasales del anciano consumen el fresco aroma matinal. Permite que sus dedos abandonen la ardua tarea de masajear esas pequeñas hojas.

Años anteriores (al menos así lo sentía) era él quien recibía caricias. Pero los recuerdos nunca fueron bienvenidos por este golpeado hombre. Y así continuaba cada jornada. Se levantaba, trabajaba el campo y volvía al rancho para dejar descansar las canas.

Hombre acostumbrado a dar vida, hombre desgastado por las tareas gauchescas. Cómo podría apropiarse de ese pedazo de pavimento. Lo mira con recelo y desea, como si sirviera de algo, que termine por derretirse hasta desaparecer. Detesta cada milímetro de esa falsedad. Una delgada capa de creación humana lo separa del aroma y aspereza terrenal. Sólo busca sentirse acariciado nuevamente por la naturaleza…, una vez más.


P.D.: Pintura de Enrique Zorrilla de San Martín, gran artista uruguayo.



miércoles, junio 06, 2007

Labios vitales

Suelo firme, gélido. Las baldosas, color ladrillo y verde, se adhieren a los omoplatos de la pequeña como si fueran parte del frágil cuerpo. Hace varios minutos que no abre sus ojos, sólo respira tranquilamente. Extiende brazos y piernas hasta formar una tabla humana.

Inmersa en el sonido de los pasos que provienen de la calle de tierra. Distraída. Algunos se dirigen hacia la izquierda, otros a la derecha. También están los que se encuentran, permanecen en el mismo lugar y vuelven a arrastrarse. Circulación con arrastre de pies. Circulación casi silenciosa, como si utilizara zancos.

Visualiza la rayuela dibujada en el patio frontal de cemento: 1; 2; 3; 4-5; 6; 7-8; 9; 10. Llega a la meta y repite la secuencia en sentido contrario. Movimientos imaginarios que se acoplan al canto de los grillos. “Mhijita, vaya a bañarse”, dice una voz femenina agotada y añeja.

Gotas de sudor viajan por la joven frente. Inhala una vez más e integra a su organismo el reciente aroma a tierra mojada. Pequeñas manos disfrutan el frío de las baldosas.

Dedos congelados por la sensación del metal. Visualiza los labios de esa voz femenina. Desligados de aliento, sonido y movimiento, pero poblados por interminables arrugas.

Al lado reposan otros labios que contienen llanto de estreno y vestidos por piel recién nacida.

P.D.: En honor al gran Dalí

jueves, abril 05, 2007

Nocturne

Desde el camino oculto

mis pasos atestiguan ansia.

Cruces inesperados colisionan sin razón visible

mientras vestigios de un hondo atestiguar marcan

sonidos de tiempos remotos.


El silencio ingresa e inunda hasta lo inaudible

porque estas emociones pasan como si el aire viajara

sin vuelta atrás.


No existen regresos,

sólo llegadas de aparentes nuevas vivencias

que ocultan las antiguas.


Inhalo y exhalo ya que el cuerpo lo exige,

pero no pretendas que mis ideas palpiten…

El aire lo has dejado marchito, sin suspiros de aliento.

domingo, marzo 04, 2007

Cero cíclico

Si conocen a fondo el “espacio Gusanita”, sabrán que el contexto de mis años cambia drásticamente. Ésta no es la excepción.
Nuevo lugar, personas desconocidas que se vuelven conocidas, recorridos placenteros insertos en la rutina. El cero, conocido como vacío, se transforma en un vaso que contiene nuevas gotas hasta llenarse. Poco a poco el líquido encuentra acomodo en el recipiente. Contenido representado por individuos, creencias y estilos de vida que conforman un panorama refrescante. Lejos del frenesí montevideano, el tiempo en Maldonado corre más lento. No es una contradicción. Corre, pero a menor velocidad.
¿Qué se puede decir de esta gente? El detalle fundamental es la tolerancia (y si lo pienso dos veces, necesito sumar otro término) pujante. Vendría a ser lo mismo que laboriosidad y paciencia. Me detengo en este punto porque hay que admirar a los fernandinos. Sí, tal cual lo planteo. Amoldarse a los extranjeros durante tres meses seguidos es tarea ardua. Y me quedo corta, realmente corta. Por lo que vi-veo-veré, la mejor arma es la sonrisa. Como diría Alfredo (el gran Zitarrosa): “Duerme negrito, que tu mama está en el campo, negrito. Te va traer rica fruta para ti, te va a traer cordonices para ti, te va a traer carne de cerdo para ti, te va a traer muchas cosas para ti”. La realidad en este departamento es así: trabajar rodeado de locura y aires de grandeza de los “personajes” que dejan dinero a cambio (a cambio de aguantarles la cabeza, y otras cosas más).
El pan está en la mesa. Los niños vestidos. Rostros más descontracturados. Y lo más importante, la paz regresó a estas tierras.

P.D. 1: Ahora comprenderán mi extraña ausencia.
P.D. 2: La imagen tiene su estampa. Si lo ven de cerca darán con el original.

sábado, noviembre 18, 2006

Asteroide B 612 bis (parte V)

Maribiga

“Había una semillita que crecía y crecía; había una plantita que despertaba, despertaba. Había una flor, que bailaba y cantaba”. Así comienza la canción de la flor. Por lo visto, la favorita de estos niños que se contorsionan al entonarla. La maestra les pide que, al nombrar semilla, planta y flor, reproduzcan las etapas con gestos, movimientos corporales, sonidos. El Jardín de Infantes se convierte en zoológico:

- Mmmm, ta naciendo, grrrrrrrr, grrrrrr.

- Yo ahora hago de planta: Ahhhhh, shhhhhhhhhhh, shhhhhhhhhh, shhhhhh.

- La “flol” se mueve así con sus hojitas: Chif, chof, chif, choooooffff.

Nacho y Daniela, amiga inseparable, recrean las etapas de la flor; lo que sucede hasta convertirse en una. Carecen de muchos pétalos humanos, pero los amigos colaboran y se abrazan entre tres o cuatro para armar bien lo que sería una especie de margarita. Simon se tropieza y el resto cae al suelo. Ya no queda flor, pero sí quedan risas estridentes. Daniela no para de cantar, está muy compenetrada tarareando la canción. Es pegadiza; me refiero a la música, por supuesto. Quizás le sucede lo mismo que a Henry David Thoreau: “Cuando oigo música, no tengo ningún peligro; soy invulnerable, no veo enemigos. Estoy conectado con los primeros y los últimos tiempos”*. Puede ser que no, o que se trate de algo similar. Lo cierto es que la niña, más que amiga de Nacho porque dicen ser novios, aprieta sus párpados con fuerza y poco a poco su mente deja este lugar. No escucha a nadie, no ve a nadie, ni siquiera a su compañero del alma. Y se va, se va lejos de acá. El portazo de la maestra es lo único que la hace reaccionar y volver en sí.

Al verlos tan felices, inocentes, al margen de todo, cierta parte de mí desea regresar a esos momentos de alegría pura. Se trata de un deseo recurrente mientras estoy con ellos. Quiero ser una ardillita, un patito, un girasol, un conejito o un charabon. No importa el grupo que me toque, quiero ser uno de ellos. Entiendo con claridad que me lo han permitido por unos días, aunque nunca seré parte de ese mundo. Simon me pide que traiga la “máscara de fotos” ubicada sobre una mesita pequeña y enana. La maestra registra ese momento mientras estoy en plena reflexión. ¡CHIC!, imagen guardada, imagen celosamente archivada. Quizás sí sea parte de ese universo en el que estuve alguna vez. Camino a casa, sin darme cuenta, estoy tarareando una canción que mi abuelo entonaba para mí:

“Maribiga se cortó un derico

con el cuchirico del zapaterico,

el zapaterico...”.

* Don Campbell, El efecto Mozart para niños, Ediciones Urano (2001), p. 191: Canta, canta una canción.

miércoles, noviembre 01, 2006

Asteroide B 612 bis (parte IV)

Yo ego, yo

Algunos no superan la etapa de la niñez. Me refiero a la existencia de una estrella, en esa fase, que brilla mucho y se la llama egocentrismo. Es el mundo del Yo: Yo quiero esto, yo como lo mismo, yo tengo uno más lindo, yo y mis abuelos, yo, yo, yo, yo... Al estilo Janis Joplin previo a sus conciertos: se tomaba unos cuantos minutos para repetir hasta el “no cansancio” la misma palabrita una y otra vez. Meditación, quizás. Recuerdo el documental que mostraba a la actriz que interpretaba a Japlin, diciendo enloquecida segundo tras segundo al compás de movimientos hacia delante y hacia atrás; como los que poseen un desequilibrio mental y están compenetrados en su propio mundo. No digo que estos niños se muevan así, aunque parecen tener hormigas en el interior de sus menudos cuerpos. Más bien intento llegar al “yoísmo” infantil. Todos los pequeños que están acá empiezan las frases con esa palabra. Antes que nada, marcan el sujeto de la oración. Es lo más importante, luego el resto actúa como simple acompañamiento. Es lo mismo que un plato de fideos al cual se le agrega salsa. El fideo es fideo, lo otro es color. La esencia la tienen clara.

En la infancia “todo gira entorno al Yo del infante y es incapaz de distinguir entre su propio punto de vista y el de los demás”*. Por ende, las peleas entre ellos proliferan. Una de las niñas, cabello negro y con rulos amplios en las puntas, se para, camina hacia otra pequeña y le tira de las colitas. La pobre víctima no tiene tiempo de reaccionar, queda atónita. La mira de arriba a abajo, por lo visto es una actitud típica, busca con sus ojitos a la maestra y cuando ésta le responde la mirada comienza el llanto. Bueno, como dice Simon, empieza “el lloro” de la inteligente víctima. Y ya que estamos con esa palabra la voy a utilizar: yo hacía lo mismo con mi hermana. Sí, era igual. Conocía muy bien los momentos en los que tenía que largar el moco y cuándo no era propicio. Se pueden desarrollar técnicas asombrosas y logros aún más sorprendentes. Hasta el día de hoy detecto esos momentos en los que conviene abstenerse de lágrimas. Esta niña tiene un prometedor futuro en cuanto a manipulación se trata.