Nuevo lugar, personas desconocidas que se vuelven conocidas, recorridos placenteros insertos en la rutina. El cero, conocido como vacío, se transforma en un vaso que contiene nuevas gotas hasta llenarse. Poco a poco el líquido encuentra acomodo en el recipiente. Contenido representado por individuos, creencias y estilos de vida que conforman un panorama refrescante. Lejos del frenesí montevideano, el tiempo en Maldonado corre más lento. No es una contradicción. Corre, pero a menor velocidad.
¿Qué se puede decir de esta gente? El detalle fundamental es la tolerancia (y si lo pienso dos veces, necesito sumar otro término) pujante. Vendría a ser lo mismo que laboriosidad y paciencia. Me detengo en este punto porque hay que admirar a los fernandinos. Sí, tal cual lo planteo. Amoldarse a los extranjeros durante tres meses seguidos es tarea ardua. Y me quedo corta, realmente corta. Por lo que vi-veo-veré, la mejor arma es la sonrisa. Como diría Alfredo (el gran Zitarrosa): “Duerme negrito, que tu mama está en el campo, negrito. Te va traer rica fruta para ti, te va a traer cordonices para ti, te va a traer carne de cerdo para ti, te va a traer muchas cosas para ti”. La realidad en este departamento es así: trabajar rodeado de locura y aires de grandeza de los “personajes” que dejan dinero a cambio (a cambio de aguantarles la cabeza, y otras cosas más).El pan está en la mesa. Los niños vestidos. Rostros más descontracturados. Y lo más importante, la paz regresó a estas tierras.
P.D. 1: Ahora comprenderán mi extraña ausencia.
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