viernes, julio 27, 2007

Hálito tropero

Pisadas fuertes, pausadas, impactan sobre el asfalto casi derretido. Ramón extiende los brazos hasta aprehender dos ramas agonizantes. Sopla una delgada brisa y las fosas nasales del anciano consumen el fresco aroma matinal. Permite que sus dedos abandonen la ardua tarea de masajear esas pequeñas hojas.

Años anteriores (al menos así lo sentía) era él quien recibía caricias. Pero los recuerdos nunca fueron bienvenidos por este golpeado hombre. Y así continuaba cada jornada. Se levantaba, trabajaba el campo y volvía al rancho para dejar descansar las canas.

Hombre acostumbrado a dar vida, hombre desgastado por las tareas gauchescas. Cómo podría apropiarse de ese pedazo de pavimento. Lo mira con recelo y desea, como si sirviera de algo, que termine por derretirse hasta desaparecer. Detesta cada milímetro de esa falsedad. Una delgada capa de creación humana lo separa del aroma y aspereza terrenal. Sólo busca sentirse acariciado nuevamente por la naturaleza…, una vez más.


P.D.: Pintura de Enrique Zorrilla de San Martín, gran artista uruguayo.



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