viernes, noviembre 18, 2005

Despedida en espera

Ya pasó mes y medio. Aún continúa el camión en el mismo lugar; ni un centímetro más ni un centímetro menos. Exactamente, en el mismo sitio desde hace 55 días.

Quizás se estarán preguntando a qué me refiero. Bueno, les explico. Hace más de un mes que falleció el lechero de mi cuadra. No sé quién era, nunca lo vi, nunca hablé con él. Recién “lo conocí” cuando su cuerpo pasó a ser, simplemente, un cuerpo. Antes de llegar a mi casa pasé por el almacén, porque aún existen comercios pequeños, y el dueño me comentó sobre el infarto que acababa de sufrir el señor Lechero. Me tomó de sorpresa y atiné a decirle algo como esto: “Pobre hombre, ¿tenía familia?”. A lo que el almacenero asintió con un simple movimiento de cabeza y rostro que expresaba mucha tristeza: “Lo conozco desde siempre. Todavía no lo puedo creer. Se bajó del camión y cayó al piso. Seco, duro, no se movió más. Estiró la pata, le dio un patatus”.

El camión del lechero continúa en el mismo lugar en el cual dejó de vivir. El hijo y la esposa no lo mueven por nada en el mundo. Es más, lo usan a diario para guardar los lácteos. En las mañanas, muy temprano, descargan la mercadería y la trasladan a un vehículo más grande. Pero en eso queda todo. No encienden el motor, no lo limpian, no han descolgado los adornos y adhesivos, no cambian nada. Pensarán que al dejar todo igual, el difunto aparecerá como si ese hecho no hubiese sucedido. Aunque pasó, ya no está.
En realidad, los comprendo. Aceptar una muerte puede llevar años. A veces, nunca se asimila. Quizás a mí también me sucedió. Hasta el día de hoy estoy empeñada en decir que tengo, y no tenía, un primo llamado Andrés. En verdad, falleció hace siete años y aún no lo puedo creer. Es más, llevo su nombre tatuado en mi cuerpo. Los entiendo..., no es fácil aceptar la muerte de un ser querido.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

no sabía que existían lecheros todavía

La gusanita Guiñal dijo...

Cada vez son menos, pero sí queda algún que otro en la vuelta.