Ver el mismo paisaje todos los días, sin radio, sin diario, sin revista, sin libros, sujeto a condiciones climáticas tan variadas como las de Uruguay. Me refiero al trabajo de los guardias encargados de vigilar la parte superior de la Cárcel de mujeres. Cuando digo, superior, es lo más alto que hay, es decir, el techo. Hay dos garitas, una blanca y otra gris. La primera es más nueva que la segunda. Están ubicadas estratégicamente, una para cada sector. A excepción del vivero, el resto del panorama es deprimente. Bueno, al menos, los días soleados dinamizan un poco la jornada. En las mañanas, estos guardias disfrutan del sol hasta que se torna agobiante. No existe guarida capaz de protegerlos del calor fulminante y de las estrepitosas lluvias. Sucede que el clima uruguayo es tan imprevisible que en un sólo día puede amanecer despejado, llover al mediodía y granizar en l

a noche.
En este momento, hay un policía recorriendo toda la superficie. En realidad, pasea. Mira hacia un lado y hacia otro. Nada, no pasa nada. Baja por una escalera, se quita la campera y estira los brazos. En el suelo hay un par de pesas. Ya está, es la que queda. De alguna forma mata el tiempo. Una, dos, tres, cuatro... Uy, no da más, se cansó. Camina pocos metros, repite el movimiento de brazos y vuelve a levantar las pesas. Esta vez dura medio minuto más que en la oportunidad anterior. Otros pasos para despejarse y recargar fuerzas. Y así transcurre la mañana. Algo inesperado sucede porque el muchacho se apresura en colocarse la campera y subir las escaleras. Ahhhh, es que acaba de llegar el supervisor. Por poco lo atrapan haciendo su clandestina rutina de ejercicios. Recorren juntos el lugar y vuelve la tranquilidad.
Aparece un compañero, van al sitio destinado para el cuidado físico. Ambos se desprenden de los abrigos. Insólito, están simulando una pelea. Desde lejos parece tratarse de una broma. No sé si es baile, capoiera, lucha, entrenamiento. Ni idea, pero sí sé que quedan muy cómicos. Así es la vida de los guardias de seguridad del techo de la penitenciaría femenina capitalina. Al menos, así lo veo.
Aclaración: quizás se pregunten cómo puedo saber esto. Es que vivo en un noveno piso y el edificio está frente a esa cárcel. Lo sé, me convierto en el ojo del gran hermano penitenciario.
4 comentarios:
me gusta como describís la situacion.
me hizo reír
me parece que si bien no es lo debido a un oficial penitenciario, es preferible que haga pesas y no que haga otra cosa peor, hay cosas mas importantes y no le das bola y tus comentarios son muy de bar, vas a tener que limar asperezas, pero estas mas o menos encaminada.
Saludos.
Novato en este página:
cabe aclarar ciertos puntos sobre tu comentario.
1) Página lleva tilde
2) Más lleva tilde
3) Más también lleva tilde (lo siento, pero es que repites el error dos veces).
¿Ahora sí voy relativamente encaminada?
Saludos
Ludovico: sí acepto críticas, pero las valoro cuando éstas son correctamente justificadas. Agradezco los comentarios porque creo que sirven para crecer en la escritura. Eso sí, el lector es lo más importante. Si no existiera lector, no tenría sentido escribir, ¿no? ¡Gracias por tu respuesta!
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