miércoles, octubre 19, 2005

Mentiras verdaderas de verdad

Aprieto un botón. Ahora presiono otro. Una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez… No hay nada, siempre la misma música. Cada tema lo transmiten 20 veces diarias. Decido “dar una última vuelta” entre las FM que están grabadas en la memoria del equipo de música. Al mismo tiempo, el sol desaparece hasta transformarse en un diminuto bichito de luz. A medida que se va el señor Sol, ellas lo siguen incansablemente. Las lucecitas navegan su ruta cotidiana hasta que me doy cuenta de que sólo me queda un botón para apagar el equipo. Pero algo cambia, el sonido me atrae:

Ai cheston chu sei aileviou,
Ai cheston chu sei jau machaquer…

Lo sé, cuesta identificar el fragmento de la canción. Pistas, doy pistas…
La voz del tema pertenece a un cantante. Dato uno: masculino.
Su color de piel es oscuro. Dato dos: es negro.
Cubre sus ojos todo el tiempo. Dato tres: siempre tiene puesto unos oscurísimos lentes de sol.
Tiene un timbre de voz muy particular. Dato cuatro: voz que hace fluir la imaginación.

Bien. Ahora, si no saben a quién me refiero y cuál es la canción, tendré que dárselos en bandeja:

I just called to say I love you
I just called to say how much I care

Sí, es Stevie Wonder. Quizás se pregunten por qué doy tantas vueltas para escribir, simplemente, que éste era el tema musical que apareció por último. La botonera del equipo me sorprendió. Hice un viaje de unos cuantos años y presencié, nuevamente, cómo mi hermana entonaba I just called to say I love you. Tenía cuatro cortos años. Su cuerpito se retorcía al compás de la melodía. Ahora que lo pienso, eso está en mi imaginación porque nos llevamos tres años y medio de diferencia. Por lo tanto, yo era una bebé. De todas formas, la visualizo en este preciso instante.