En uno de esos instantes de reflexión, que son muchos, brotó una pregunta que tuvo lugar hace varios días: “¿De qué te arrepentís, realmente, en estos 22 años de existencia?”. La verdad, siempre respondía lo mismo: “nada, absolutamente nada”. Minga, ahora sí. Supongo que necesitaba algunos momentos de soledad para llegar a la conclusión de que me arrepiento de tres cosas. La primera radica en la estupidez de dejar ballet. Las otras dos..., prefiero dejarlas en la intimidad más profunda de mi ser. Lo siento.
Será mejor volver al tema del abandono inescrupuloso de la danza más expresiva y bella, el ballet.
El ballet es como una rosa.
Es algo hermoso, y uno lo admira,
pero no se pregunta qué significa.
(George Balanchine)
Resulta majestuoso cuando se puede comunicar a través del movimiento corporal. Ahora tengo la palabra, la escritura. Durante 11 años me expresé con el cuerpo. Durante 11 años me sentí completa. En realidad, algunas veces cubro mis pies con las zapatillas de punta y recuerdo viejos tiempos. Ayyy, menudo error.
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