miércoles, noviembre 16, 2005

Sueño una noche de verano

Este año pasó tan rápido como el vuelo del colibrí, para seguir la línea de una nota anterior. No crean que estoy obsesionada con esos pájaros, aunque reconozco que me emociono cada vez que los veo y detengo toda tarea que esté realizando en ese momento. Pero quiero ir a otro tema, el verano. El calorcito de los días de primavera nos regalan un aperitivo de lo que es la estación más hermosa del año, a mí entender. El verano, ahhhh, sí, por fin está por llegar.
Hace un par de días leí un artículo de Bill Bryson, "¡El verano, por fin!", que aparece en un gran libro. Cuando digo Gran me refiero a la extensión y a la calidad de este escritor. Y narra sobre sus recuerdos de esta estación calurosa. Uno de ellos radica en un porche mosquitero. El mío varía según el departamento en el que viví.

Treinta y Tres
De esta ciudad tengo impregnado en mi retina los bichitos de luz, mis más fieles amigos de la infancia. Bueno, tuve amigos de carne y hueso, pero estos bichitos me alegran el corazón con sólo verlos. Los atrapaba como una desquiciada; recorrían mis cortos bracitos y manos. Luego de jugar con ellos dejaba que emprendieran su vuelo.

“Tacuamberó”
En este lugar, la situación cambió radicalmente. Ya era más grandecita y no estaba bien visto cazarlos. Por lo tanto, recuerdo la piscina del colegio San Javier. Transitaba por una etapa de vergüenza debido a los cambios físicos que se producían en forma acelerada. Así que el chapuzón se desarrollaba gracias a una remera encima del traje de baño. Menuda estupidez, no tenía ni un gramo de grasa extra. Ya está, qué lástima. Aunque lo mejor de todo es que el amor daba sus primeros pasos. Se darán cuenta de que les estoy contando sobre mi “primer novio” del liceo.

Ups
Ups, suprimí en forma inconsciente mi segunda casa, Paysandú. Pensándolo bien, lo que visualizo de esos tiempos es el calor insoportable del litoral. Ahí conocí lo que era el calor de verdad.

Salto
Y llego a Salto... Si a la ciudad sanducera la describí como calurosa, no tendría palabras para transmitirles lo que es vivir, o sobrevivir, el verano en terreno salteño. La mejor anécdota que puedo contarles nos ubica en un fulminante fin de semana. Junto a mi familia decidimos ir a las termas. Les explico, la típica, cuando vivís en un lugar que hay termas no vas nunca o muy poco. Si te vas de esa ciudad, se es capaz de viajar cientos de kilómetros para disfrutar de las aguas termales. Bueno, el asunto es que se nos ocurrió ir. Llegamos todos felices, aunque un tanto agotados por el viaje en auto sin calefacción. Es que se nos rompió, qué conveniente, ¿no?
Morir de calor, “sufrir con gotas de sangre”, transpirar hasta la última muestra de líquido corporal... Quizás les pueda transmitir alguna idea de lo que es eso. Cuando regresamos de esa odisea vimos el informe del clima. ¡Entre 45° y 48° C! Aún no sé si mi padre quería terminar con su familia, y no sabía cómo, o hacernos sufrir por alguna metida de pata que no puedo recordar. En realidad, la pasamos bien, no fue tan malo...
Mmm, no, taaan malo no.

1 comentario:

eresfea dijo...

Ludovico, desestructúrate un poco, sácate el corsé y caminarás más suelto.
Y puestos a dar consejos, sácate la viga del ojo: pon coma después de "escribir" y "quien" (antes de "por el contrario"); pon también una tilde a "cual".