miércoles, octubre 26, 2005

Fui gaviota, ahora soy colibrí

Estoy llegando a la meta. Miro hacia el horizonte y visualizo la cinta que se romperá cuando mi cuerpo la presione. Pocos metros me separan del objetivo final, pocos latidos, pocas inhalaciones y exhalaciones… Ahora sí, hasta puedo diferenciar los colores de la cinta triunfal. Y continúo con paso firme.
Mi cerebro se hincha por la cantidad de imágenes que se aglomeran en él. Al principio, siento muchas voces de críos de cinco años, luego las de niños de 12, segundos más tarde los sonidos cambian y se convierten en voces de adolescentes para luego transformarse en palabras gesticuladas por adultos. Los días de estudiante se terminan.
Estuve tan concentrada en rendir en cada materia que se pasaron los años con la misma velocidad que la del vuelo de un colibrí. Esto lo noto, aún más, cuando me encuentro con gente que hace mucho que no veo. Y, en ese momento, ingresa la preguntilla desequilibrante: ¿cuándo terminás? Terminar qué. ¿Se referirá a los días de ocio, a las clases o a la carrera? ¡Uy, sí, se refiere a la carrera! Finaliza la etapa de estudiante. El terror y la inseguridad penetran mis huesos. Por otra parte, ingresa en mi organismo una paz inigualable, extraña, nueva. En realidad, hace años que espero ser colibrí y dejar a la gaviota con su pacífico planeo marítimo.

3 comentarios:

eresfea dijo...

Este tono confesional ofrece ciertas garantías cuando explora el pasado, empieza a convertirse en algo peligroso cuando se mueve en el presente. Cuidado con los tonos proféticos.
A mí me gusta que quieras ser colibrí. Hay algo modesto, sincero, entrañable, sencillo, sin apuros en esa vocación.
Pero no diremos en qué consiste ese algo.

Anónimo dijo...

Nada de miedos, estás pronta. ¡A la cancha!

Anónimo dijo...

muerte al estudiante.
vida al eterno adolescente.