domingo, diciembre 04, 2005

Cojones

Soy así. Los que me conocen saben que tengo un manojo de manías. Por ejemplo, cuando hago las compras quincenales siempre verifico el día de cierre de la tarjeta de crédito. Es decir, intento que los imprevistos no sucedan. Sé que suena ilógico, pero les dije que soy un compendio de manías.
Hoy era día de compras. Realicé los pasos necesarios y fui tranquila porque faltaba mucho para el cierre de la “moneda plástica”. Pues bien, llego a la caja y daba saldo insuficiente. La encargada tuvo el decoro de delegarme a otra empleada, con cara de perro rabioso, para hacer el trámite manualmente. Otra vez, el mismo resultado. En ese instante, el corazón saltó de mi boca y se estampó sobre el rostro canino. Como diría el Chapulín Colorado: “que no cunda el pánico”. Soy clienta desde hace tiempo, no me pueden hacer tanto problema. Incrédula, sí, una gusana tonta. Traté de solucionar el inconveniente por todas las vías posibles. Aunque la cara del monstruo se deformaba con cada segundo del poco respiro que me quedaba.
A lo lejos recibo una señal por parte de un hombre. El guardia de seguridad me llama con disimulo. Lo sigo y hablamos afuera. No era para pedir que me fuera, todo lo contrario. Ofreció darme el monto para pagar la compra, de su propio bolsillo, porque sabía que se trataba de una clienta asidua. Mezcla de sentimientos encontrados. ¿Qué podía hacer? Besarle la mano, pedir clemencia, abrazarlo, agradecer. Bueno, opté por la última opción, y denegar su ayuda. Este hombre gana poco, trabaja muchísimas horas y está dispuesto a darme todo ese dinero. Al final, logré pagar la compra tras una larga peripecia. Creo que agradecí hasta que las palabras se agotaron. Pensar que queda gente noble.
En la próxima compra quincenal voy a comprar un pan dulce. Supongo que ya saben quién es el destinatario del goce de esa delicia. Sí, el guardia de seguridad.

1 comentario:

La gusanita Guiñal dijo...

Ludovico: debo reconocer que eres mi lector más fiel, jajaja. Pero los comentarios no hacen a la esencia del blog. Algunos leen sin dejar en claro que lo hicieron. Pero está bien; escribo por amor al arte de las palabras.
Continuaré con el blog como si cada artículo fuera el primero. Es decir, con las mismas ganas y energía de siempre. ¡Gracias por tus comentarios!