domingo, diciembre 04, 2005

Luto lácteo

Ya está. Pasaron dos meses y la familia del lechero aceptó lo inaceptable. Movieron el camión. Basta de dejar las cosas siempre igual. Ese padre no está, ese marido se fue, ese lechero desapareció. El vehículo existe y tiene una función, traer plata a la mesa.

Recuerdo el día que vi al hijo del lechero en el cordón de la vereda. Devastado, sin aliento, con el alma vacío. Se agarraba la gorra. Ponga y saque, ponga y saque... El único movimiento que realizó por eternos minutos. Mientras lo observaba hacía de cuentas que abría la caja de correo. Por supuesto que no tenía nada, pero la expresión de sus ojos me dejó helada. Me dieron ganas de abrazarlo, darle consuelo, decir algunas palabras. Pero resultaba insólito, ya que ni siquiera hablamos una sola vez.

Estos son los momentos en los que el ser humano es persona, y la persona es ser humano.

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